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lunes, 17 de diciembre de 2012

Lo malo si breve...

No suelo hablar mal de los libros. De hecho, sólo escribo sobre lo que leo cuando tengo algo muy, muy bueno que decir, porque me gusta compartir lo que merece la pena y convencer a la gente de que tiene que leer cierto libro antes de morir. Salvo alguna excepción que ha caído en mis manos por error u obligación  y de la que me siento en la obligación de advertir (véase algo de Zoé Valdés o Dan Brown). Son excepciones, digo. Voy a hacer otra, y la haré porque me molesta que escritores, traductores y/o editoriales muestren un nulo respeto por sus lectores.

miércoles, 6 de junio de 2012

NO es una noticia

Llego a la oficina y encuentro varias sorpresas. 

Anoche quise llorar viendo portadas de hoy, impotente ante la hecatombe que vaticinaba la prensa internacional. España se va a tomar por culo, en resumen. Seamos realistas: el hecho de no haber tocado fondo todavía sólo podía significar que aún podíamos estar peor. Sinceramente, lo necesitamos. Mientras que Rajoy, que ha negado el rescate hasta la saciedad, reconocía que necesitábamos ayuda y copa las portadas del mundo, La Razón, que está a punto de desbancar a El Jueves se muestra muy preocupada ante la negativa del Ayuntamiento de San Sebastián a colocar pantallas para ver a la selección española. Lo lleva a portada. Ocupa media página y titula: "Veto a la Selección". Que el Presidente del Gobierno pida eurobonos solo merece una línea, con una tipografía reducida con respecto a los otros titulares, clarita, azul cielo. Que pase desapercibida. Lo tomo a broma. Es inevitable a estas alturas. 

miércoles, 11 de abril de 2012

El derecho a cabrearse


Viñeta publicada el 31 de marzo de 2012 en El País. El Roto


"Mira, me enfado -le dijo él-, me enfado siempre, 
y confío en estar enfadado hasta el día de mi muerte"
(Me casé con un comunista, Philip Roth)


Los periódicos amenazan dictadura. Una declaración estúpida, por no decir cínica, hipócrita, tras otra, durante toda la mañana. Agotada, he optado por abrir unas cuantas réplicas de 1936 de Claridad, El telegrama del Riff, Arriba España, Mundo Obrero, ABC y La Vanguardia para ponerme un poco al día. Es increíble cuánto coinciden a veces la historia y la actualidad. Tanto que, si no fuese porque ABC informaba desde los dos bandos y he ido a dar con la versión republicana, habría salido corriendo a comprar medio supermercado por lo que pudiera pasar. La otra edición, ahora única, sigue siendo idéntica. De ahí el susto.

martes, 10 de abril de 2012

Torpeza borbónica

Carlos III y Carlos IV de cacería


"Froilán, no sigas los pasos de tu abuelo", advirtió Marichalar y el niño respondió entre sollozos y cojeando levemente con el pie ensangrentado: "Si no puedo, papi". Y añadió: "si yo lo que quiero es que me amputen como al tito Iñaki". Más o menos así debió de transcurrir la jornada paterno-filial en la que Froilán acabó con un dedo menos y haciendo alarde de la torpeza borbónica. El niño que acumula a todo el santoral en su DNI ha dedicado estas vacaciones a la tradición familiar y se ha ido de cacería. No, no se ha ido de putas: se ha puesto a disparar. Para seguir con la tradición, la ha cagado y se ha pegado un tiro en el pie, ampliando el variado repertorio de hermanos muertos (su abuelo mató a su propio hermano a causa de un tiro involuntario) y osos borrachos.  Este niño ya apunta maneras.

viernes, 30 de marzo de 2012

Esquiroles y vagos




La periodista Martha Gelhorn decía que arrojaba piedras a un charco sin saber qué efecto producían, pero se consolaba pensando: "al menos tiro piedras". Tirar piedras es liberador, sano, necesario, pero tirarlas sin saber a qué charco caerán es insensato, porque pueden ir a parar a los ojos de los que están tan jodidos como nosotros o  puede que más. Las piedras tienen que llegar a aquellos que nos hicieron agacharnos, tragar polvo y acrecentar nuestras ganas de lanzarlas a medida que nos íbamos levantando. Si nos apedreamos entre nosotros, permitimos que los que nos han traído aquí se sienten a observar plácidamente cómo lo que comenzó como una réplica contra su mala gestión se convierte en un enfrentamiento entre aquellos a los que afectó. Rajoy lo dejó claro ayer: el Gobierno está abierto al diálogo, pero no va a cambiar nada. El humor político es así y el monólogo es su género más explotado.
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