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martes, 10 de abril de 2012

Torpeza borbónica

Carlos III y Carlos IV de cacería


"Froilán, no sigas los pasos de tu abuelo", advirtió Marichalar y el niño respondió entre sollozos y cojeando levemente con el pie ensangrentado: "Si no puedo, papi". Y añadió: "si yo lo que quiero es que me amputen como al tito Iñaki". Más o menos así debió de transcurrir la jornada paterno-filial en la que Froilán acabó con un dedo menos y haciendo alarde de la torpeza borbónica. El niño que acumula a todo el santoral en su DNI ha dedicado estas vacaciones a la tradición familiar y se ha ido de cacería. No, no se ha ido de putas: se ha puesto a disparar. Para seguir con la tradición, la ha cagado y se ha pegado un tiro en el pie, ampliando el variado repertorio de hermanos muertos (su abuelo mató a su propio hermano a causa de un tiro involuntario) y osos borrachos.  Este niño ya apunta maneras.

domingo, 19 de febrero de 2012

Basura histórica: el supuesto polvo de Colón y la Católica

Aviso: Anacronismos y estupideces varias, sean tenidos como tales.


¡Por fin! Llevo 520 años esperando esta noticia:




Yo tampoco me habría resistido


Siempre he pensado que Colón e Isabel la Católica se entendían y ya se veía venir cuando Sandra Murcia relató con inquietante lucidez cómo Colón tiraba de la falda de Isabel. ¿Qué buscaba ese buen hombre? Por suerte, a nosotras no se nos ha ocurrido hacer el ridículo escribiendo un libro, pero la profesora de la Universidad de Georgetown Stelle Irizarry, guiada por esa idea ha estudiado una carta que Colón escribió a Isabel y la desgrana en su nuevo libro 'La carta de amor de Cristóbal a la Reina Isabel'. 

martes, 16 de agosto de 2011

La "lovespoon" galesa, más que una cuchara


Tras los objetos más cotidianos existe todo un mundo simbólico que raramente percibimos, quizá por esa habitual relación causa-consecuencia entre uso y desgaste; entre costumbre y falta de significado aparente. Duchamp lo sabía, pero a la mayoría se nos escapa, unas veces porque no conocemos la historia del objeto en cuestión; otras, porque estamos tan acostumbrados a utilizarlos que no creemos que algo tan cotidiano como una cuchara pueda tener una función simbólica y ceremonial.

Las rosas y las alianzas ocupan un lugar privilegiado en la simbología amorosa occidental actual; las cucharas tuvieron su momento de gloria en diferentes culturas pero, especialmente en Gales durante el siglo XVII. Si viajáis a Gales encontraréis escaparates repletos de cucharas artesanales delicadamente talladas en madera, muchas de ellas personalizadas con nombres y fechas. En la actualidad son meros elementos decorativos y se venden como souvenirs, pero tras estas curiosas cucharas existe toda una tradición: fueron un instrumento clave en los rituales de cortejo.


Historia
Las primeras cucharas con decoración simbólica galesas datan del siglo XVI, pero será a partir del XVII y, especialmente durante el XVIII, cuando se convertirán en símbolo amoroso en el entorno rural galés. Conocidas como lovespoons (cucharas del amor), eran talladas a mano por jóvenes que dedicaban horas de arduo trabajo hasta obtener la cuchara más adecuada para su amada. Nada estaba garantizado, una lovespoon no es un anillo de compromiso, sino una declaración de intenciones. De que la joven la aceptase o no dependía el comienzo de una relación fruto de un spooning (como se conoce esta tradición) exitoso o la toma de conciencia de horas y horas perdidas. Si el trabajo surtía recompensa, la cuchara se colgaría en una de las paredes más visibles de la casa en la que la pareja cohabitaría (hasta el siglo XVIII no fue habitual el matrimonio en Gales).

miércoles, 15 de abril de 2009

Feo y con un país en decadencia


La imagen de la izquierda es una clara plasmación de lo que se conoce como belleza integral, con la que os quiero deleitar. Ayer, por puro aburrimiento, hablaba con dos amigos de Carlos II. Concretamente de su impotencia. Es algo habitual: entras en un bar con mesas forradas en tebeo y terminas hablando de los gatillazos de un rey que lleva más de 300 años muerto. 

Y casualmente hoy, en uno de esos días en peligro de extinción en los que leo un periódico de papel, me llama la atención un titular: "La endogamia mató a los Austrias". No os voy a hablar de los super poderes y artes adivinatorias de los que carezco (es pura casualidad), sino de un estudio genético que ha revelado que el coeficiente de consanguineidad de Carlos II era tan elevado (24,5%, similar al que podría tener si sus padres fuesen hermanos) que acabó con los Austrias, una sospecha extendida, pero no confirmada hasta ahora. Al parecer, las relaciones entre parientes, incluso de generaciones lejanas, fueron la principal causa de su impotencia, raquitismo y demás problemas de salud. 

Maria Luisa de Orleans (sobrina de Luis XIV) fue su primera esposa. En busca del embarazo, la reina tuvo que conformarse con mantener su virginidad. Los constantes gatillazos de Carlos II no hicieron más que alimentar todo tipo de rumores: la reina es estéril porque monta a caballo, el rey está hechizado, la reina lo ha hechizado... ¡Gabacho el que dude del macho ibérico!¡Ni hablar! 

Tras la temprana muerte de Maria Luisa, Mariana de Neoburgo será la siguiente condenada a no consumar su matrimonio. Esta vez Carlos II está poseído por el demonio. Indudablemente. Era la opción más razonable. Para ellos, claro está, porque yo sigo pensando que fue el espíritu de María Luisa desde el más allá... 

Carlos II murió joven y sin descendencia, poniendo fin a la dinastía de los Austrias. La negación de la impotencia del rey llegó hasta un punto de locura. Cito a Javier Rioyo (La vida golfa: un libro sobre la historia del erotismo en España que merece ser leído. Aviso: la siguiente cita es la parte menos erótica del libro): 

 "Su muerte, un espectáculo macabro, truculento, monstruoso. Su autopsia, que rápidamente la hicieron aquellos esperpénticos médicos, decía que el cadáver no tenía ni una gota de sangre, el corazón apareción del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroidos, los intestinos putrefactos y gangrenados, tenía un solo testículo negro como el carbón y la cabeza llena de agua".

domingo, 25 de noviembre de 2007

El diablo se queda sin descendencia legal


Ottomar Rodolphe Vlad Draculea, último descendiente legal del sanguinario Vlad Tepes, ha fallecido a los 67 años a causa de un tumor cerebral en Königs Wusterhausen, Berlín. La princesa Ekaterina Olympia Kretzulesco, descendiente directa de una rama de Vlad “El Empalador”, el auténtico Drácula, adoptó a Ottomar por tener “cara de rumano”, según él mismo afirmaba. Organizaba visitas por su palacio mientras relataba la leyenda de Drácula. A la puerta poseía un restaurante medieval y organizaba conciertros. Ottomar, que ocupaba un escaño de concejal por el Partido Liberal, declaró la independencia de su aldea y creó su bandera en 2002 ante un intento de expropiación. Oti, el hijo de Ottomar será el heredero de Drácula, con el que tampoco comparte ni una gota de sangre.    

Una herencia teñida de sangre ajena

Héroe nacional, según historiadores rumanos, y garante de la maldad suprema, para otros, Vlad III, más conocido como Vlad Tepes (que en rumano significa “empalador”), nació en Singhisoara (Bucarest) en 1428. Hijo de Vlad Dracul (caballero de la Orden del Dragón), Vlad luchó por la independencia de su país y por el cristianismo con una crueldad desmesurada haciendo honor a su nombre (“dracul” se traduce como “diablo” y la terminación “-ulea” como “hijo de”, por lo que Draculea sería “hijo del diablo”. También puede significar “dragón” pero, puesto que en la mitología rumana no existían los dragones, se ha descartado esta posibilidad). Su abuelo, Mircea el Grande, había sido soberano de Velaquia, trono que se estaba viendo amenazado por turcos y húngaros. Pero la amenaza no sólo era externa ya que, algunos nobles de Velaquia luchaban entre ellos por ostentar el poder. El padre de Vlad pronto fue asesinado por Iancu de Hunedoara, lo que hizo que Vlad apoyase a los turcos. Poco a poco fue marcando distancia con éstos y acercándose estratégicamente al bando de Iancu, quien ganó la guerra contra Vladislav arrebatándole todas sus posesiones en Transilvania. Vlad, que se ofreció al vencedor para reinar en algunos de estos lugares, prometiéndole una “fidelidad inquebrantable”, obtuvo el principado de Velaquia. En 1459 comenzó su sangrienta carrera, la que le hizo ostentar una de las más altas cotas de atrocidades en los anales de la Historia, ordenando empalar a algunos de los rebeldes y quemando a otros. Haciendo alarde de su humor negro, gastó una de sus “bromas” a su gran adversario, Dan Voeivod, haciéndole cavar su propia tumba y asistir a sus funerales para, después, ordenar su decapitación. El sultán Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, subestimando la suspicacia de Vlad, le tendió una trampa en la que no calló. Con la aparente intención de solucionar “un pequeño problema fronterizo”, le hizo acudir a Giurgiu, donde le esperaba un destacamiento de tropas ordenado por Hamza Beg. El empalador, imaginándose lo que le esperaba, acudió con un fuerte contingente de caballería. Tras derrotar a los turcos, todos fueron empalados en la capital de Velaquia. Extasiado, acudió a un poblado cercano y, finalmente empaló a 24.000 personas que, además fueron decapitadas para acelerar el recuento. Ante esta masacre, Muhammed II consiguió que Vlad fuese encarcelado durante no más de doce años. En noviembre de 1946, Vlad Tepes consiguió volver a ocupar su trono, pero a las pocas semanas, los turcos le atacaron cuando sólo contaba con una escolta de 200 hombres y acabaron con él. Su cabeza fue mostrada públicamente en Estambul y su cuerpo inhumado en el lago del monasterio de Snagov. Su sucesor fue su hermano Randu, quien reinó en Velaquia hasta 1500. 

El extraño sentido del “humor” de Drácula.

El verdadero drácula no era vampiro ni le espantaba el ajo como al mítico personaje basado en su persona que Bram Stocker inmortalizó en su obra “Drácula”. Aunque el gracejo de Vlad Tepes debía de residir en su prepucio, su gran diversión fue empalar por gusto y amputar orejas, narices manos y pies y arrancar ojos con ganchos con los que gastar “bromas” obsequiando a aquellos con los que tenía una deuda pendiente. Hizo talar todo un bosque convirtiendo cada árbol en una estaca en la que empalar enemigos, pobres, gitanos o a cualquiera, simplemente por aburrimiento para, luego, beberse su sangre sentado ante ellos y envuelto en una áurea de olores putrefactos procedentes de sus víctimas, algunas, empaladas desde hacía meses. Un día, caminando con un monje, éste le dijo que el olor era insoportable desconociendo que su destino sería acabar empalado en la estaca más alta. Una vez ahí, Vlad le preguntó si desde arriba olía mejor. Se calcula que alrededor de 100.000 personas fueron empaladas por Vlad. En prisión, no encontró otra diversión que torturar pájaros y ratones y, a veces, empalarlos con palillos. 

Imposible delinquir en Velaquia 

Sus esfuerzos por acabar con el crimen le llevaron a actuar de la única manera que sabía hacerlo: matando. Conocida la crueldad del empalador, nadie era capaz de faltar a la ley. Los pobres y los gitanos también fueron víctimas de Vlad, ya que, según él no aportaban nada al país sino robos. Invitó a todos los pobres a un gran festín en una de sus casas cerrando todas las puertas. Una vez habían comido, mandó quemar la casa con todos dentro. En cuanto a los gitanos, a los que culpó de la mayoría de los robos y una de las minorías que más odiaba, los reunió a todos y mandó asar a sus líderes. A los demás les propuso tres opciones: comerse a sus líderes, alistarse al frente turco o ser asados. Todos se alistaron al frente turco.


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