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nadie le enseñan a ser viejo. Nos enseñan a hablar, a andar, pero
nadie sabe reaccionar cuando deja de hacerlo. La vejez es un final
paradójicamente esperado e improvisado, que sólo puede endulzar el
cariño de los que están alrededor, un cariño que, por desgracia,
no todos los ancianos pueden disfrutar.