martes, 27 de agosto de 2013

Lo llaman arte

Instalación de Santiago Sierra en la que encerró a refugiados chechenos en cajas de cartón

Huir. Decía el perio­dista Juan Tallón que “la vida va de eso. Incluso la muerte”. Intento de esca­pada va de eso. Incluso el arte. Luego nos que­dan los exce­sos. Todo exceso es un refu­gio. Hui­mos de los otros y de noso­tros mis­mos. Y hay libros que se escri­ben para huir, muchos, pero pocos auto­res te lo dicen en el título. La pri­mera novela de Miguel Ángel Her­nán­dez es un com­pen­dio de hui­das y, al mismo tiempo, es el refu­gio de su autor.

Woody Allen dijo algo así como que alguien podría lle­gar a con­si­de­rar arte el hecho de que una per­sona saliese a un esce­na­rio a vomi­tar. No sé si ins­pi­rada por él, pero Millie Brown pinta con su pro­pio vómito y dice que es artista. Her­nán­dez cri­tica desde den­tro ese todo vale. Pero no se trata de una crí­tica voraz al arte con­tem­po­rá­neo en gene­ral, sino a un tipo de arte con­tem­po­rá­neo en par­ti­cu­lar, lle­vado a extremos. La obse­sión por la teo­ría lleva a Mar­cos a creer que la rea­li­za­ción de la obra es pres­cin­di­ble. Al hilo de esta refle­xión, uno de los plan­tea­mien­tos de la novela es cuándo la teo­ría, lle­vada a la prác­tica, puede irse de las manos.

Reseña sobre 'Intento de escapada' para Koult. Puedes leer la reseña completa aquí

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